Branko Andjic y la conexión serbio-argentina

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Nacional Global, el programa del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, dialogó con el escritor, periodista y traductor serbio Branko Andjic, quien entre otros temas, se refirió a cómo fue su llegada a la Argentina, su curiosidad por la literatura del país y el significado de su novela El tamaño del mundo.

En la entrevista, Andjic explicó: “Mi idea era venir a la Argentina para conocer su narrativa contemporánea. Vine a trabajar como periodista pero a disfrutar como un ser literario”. Por otra parte, afirmó que desde su punto de vista hay una gran coincidencia entra la mentalidad serbia y la de nuestro país: “Los dos pueblos tenemos una absoluta falta de equilibrio, pensamos que somos los mejores o los peores. No hay espacio para la mediocridad”.

También hizo referencia a su novela El tamaño del mundo, que según Andjic “es un libro escrito en primera persona, con anécdotas de mi vida familiar pero también con cosas inventadas”. Por último, el escritor recordó su amistad con el cantautor argentino Raúl Carnota y afirmó que “se fue temprano pero su talento nunca va a dejarnos”.

A continuación, compartimos el cuento Miles de Branko Andjic:

Miles

—¿Ves lo mismo, o tenemos que movernos a la sombra?

El otro policía asiente  y sigue masticando. Sentado al lado del chofer  tiene abierto el diario en las piernas y en una caja plástica, pedazos del pollo rebosado.

El de volante se saca los anteojos oscuros y con un pañuelo arrugado limpia el sudor  de su cara  enrojecida. En el fondo descolorido del desierto, fija su mirada en el punto  de rojo vivo que esta creciendo rápidamente en la ruta. Mientras busca ayuda de largavistas, el cuadro minimalista reverbera con el  calor agobiante del mediodía.

—Un negro en la Ferrari Testarosa rojo – dice.

—En Alabama – dice el otro. Limpia la boca, los manos, junta el papel del diario y los restos del pollo en una bola y la tira por la ventana de su lado.

—Va rápido, ¿eh?

—Y vos ¿qué crees?

—Demasiado, ¿eh?

—Lo paramos, si quieres.

—¿Lo paramos?

—Y vos ¿qué crees?

Salen lentamente del coche, como en la cámara lenta, y se acercan a la Ferrari parado al otro lado  de la ruta. Él de largavistas (que ahora de nuevo  tiene puestos los anteojos oscuros) se para al lado de la puerta  el conductor que  mantiene silencio  y ambas manos en  el volante, bien visibles. El policía observa el pantalón de lino negro de conductor y un pequeño cocodrilo verde en su polera amarilla. El conductor sigue sin mirarlo, esperando.

Él de pollo da una vuelta alrededor de la Ferrari. Ve en el asiento de atrás del conductor un estuche de forma alargada. Se pregunta que tipo de arma cabe adentro.

—Un coche bonito – dice el policía de anteojos – ¿Es tuyo?

El conductor apenas asiente. Su cabeza negra permanece en la sombra.

—¿Dijiste algo?

—No -, dice el conductor.

—Entonces, decime ¿de quién es este coche?

—Es mío -. El conductor saca lentamente su documento del bolsillo del pantalón, como en la cámara lenta, y lo alcanza al policía.

—¿Tuyo, eh? ¿Y por qué no nos dices qué haces en la vida para ganarte una belleza como esta?

—Soy músico.

—Músico, ¿eh? – El policía saca sus anteojos y busca la mirada de su socio.

—Si, de jazz. Esto es mi trompeta – el conductor dice y al mismo tiempo hace un movimiento con su cabeza en la dirección del asiento atrás.

Él de pollo se  acerca a la ventana del conductor y le dice:

—¿Por qué no nos muestras?

Él de anteojos observa primero a su socio, luego al conductor y dice:

—Sí, ¿por qué no?

—Mostrar ¿qué? – pregunta el conductor sin mirarlos. Pausadamente, como en la cámara lenta, se da vuelta y abre el estuche. El bronce de la trompeta brilla en sus manos.

—Mostranos como se gana una Ferrari..- La cara del policía que comía pollo se estira en una ancha sonrisa, como si acaba de entender un chiste muy gracioso.

—¿Hice una infracción, oficial? – pregunta el conductor sin dejar latrompeta.

—No sé. ¿Lo hiciste? A vos ¿qué te parece, Virgil?

—Me parece que hace mucho calor, Nathaniel. Mejor escuchemos cómo suena esa trompeta del señor músico.

        Si los hubiera mirado, el conductor podría ver los dos policías al lado de su coche, acariciando los dos las hebillas de sus cinturones, esperando el inicio de la función.

—Mejor que esto sea bueno – , Nathaniel le dice a Virgil.

—¿Sos bueno? – Virgil le pregunta al conductor.

—El mejor – responde el conductor y, al pronunciar las palabras, sus labios se cierran alrededor del pito de la trompeta y del otro lado del instrumento sale un sonido inverosímil, una nota única que no sube ni baja, no se fortalece ni amaina, no termina, solo sigue así sin caerse, sobre el fondo descolorido del desierto, mucho tiempo después de que  Virgil y Nathaniel primero escuchan, luego se miran, se encogen sus hombros, se alejan un poco de la  Ferrari, y por  fin entran en su coche, arrancan y se pierden en la nube de polvo sin darse cuenta de que  Miles es el único que sabe tocar una nota donde todos demás tocan dos. (Fin)

AUDIO COMPLETO AL HACER CLICK AQUÍ

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